El arte del secuestro ideológico.

El arte del secuestro ideológico.

No me cabe la menor duda de que el país está abocado a la construcción de un nacionalismo de paredes de metal y pilares de cartón. Quizá el pilar se llame Dios, Estado o familia, pero el peso que los ciudadanos le ponen al concepto de nación acabará por hundir irremediablemente la estructura nacionalista de la que se jacta la derecha. La respuesta de la derecha institucional es exprimir la vaca del nacionalismo, la capitalización del rojo y el amarillo para usarlo como función teatrera en una sociedad del espectáculo que está aclimatada al conformismo de los símbolos.

La izquierda institucional, por su parte, al renegar de la nación y la identidad patriótica, ha optado por secuestrar otros conceptos ideológicos (el feminismo, el progresismo, el comunismo, etc.). Cooptarlos y encapsularlos en las paredes del liberalismo más insulso esperando captar votos adueñándose de pensamientos que hace años que no representan. Las recientes manifestaciones en torno a la ola migratoria de Ceuta solo han mostrado sin tapujos la ferviente hipocresía que baña los estertores partidistas. El PSOE fue estulto en su gestión de dicha migración masiva. Pero en referencia al secuestro ideológico podemos mirar las relaciones de PP y VOX con Israel, la relación de Israel con Marruecos y la relación de estos dos últimos con el gran «cóndor» americano: EE. UU.

Desde el tratado de normalización de 2020 entre estos tres países (acuerdos de Abraham) la nutrición bélica que recibe Marruecos es pasmosa: la mayor fábrica de drones del norte de África, armamento de última generación y la entrega del «spyware» Pegasus, y un largo pero no menos importante etcétera. Dicho «spyware» es un sistema de hackeo israelí usado por el servicio secreto marroquí para espiar el móvil de Pedro Sánchez. Convengamos que Sánchez está subyugado al estado marroquí en base a información extraída de su móvil, información la cual podría costarle la reputación y una retirada más que inconvenience de su puesto antes de tiempo. Entonces: ¿qué une a los otros dos partidos mayoritarios al régimen de Mohamed VI?. En 2010 José María Aznar funda «Amigos de Israel», lobby sionista que defiende a Israel como aliado de Occidente, el cual cuenta con 2400 miembros de alto perfil, entre ellos varias caras reconocidas y poderosas del Partido Popular. Por su parte, VOX ha recibido el agradecimiento de Benjamin Netanyahu y la ministra Miri Regev por el firme apoyo del partido a «Patriotas de Jerusalén», la primera rama israelí del movimiento político europeo Patriotas por Europa.

Las recientes manifestaciones dan respuestas esclarecedoras: la acción desmedida de los partidos por acaparar (ya sea promulgando o adueñándose de dichas manifestaciones) la primera plana para permear su presencia en las calles toma un matiz escabroso; los ciudadanos, sin saberlo, publicitan con banderas —españolas, ceutíes o históricas— la usurpación del nacionalismo, de su nacionalismo, por parte de crápulas partidistas. Su patriotismo, que antes significaba algo, hoy en día araña las paredes de la banalidad. Sus distintas ideologías hoy se vierten por las cañerías de la oligarquía política a un mar de apoyo indirecto al mismo régimen por el cual se manifiestan en contra.

Usando como bala de fogueo al pueblo, pues produce ruido pero ningún proyectil es disparado, los partidos mayoritarios consiguen varios propósitos: una crítica al Estado marroquí que no se traduce en un movimiento ni acción política real, la sensación de tranquilidad que trae la euforia de una reivindicación infértil, tranquilizar a sus mecenas o amos y, por sobre todo, que el pueblo crea que esos símbolos ideológicos son su propiedad.

La doble moral de la partitocracia española es una amenaza para la ciudadanía en su estado actual, pues el ciudadano ha dejado en manos de traidores a la patria sus convicciones más preciadas, el secuestro ideológico además viene con una etiqueta de compra; el sionismo a través de sus diversos aliados busca por todos los medios adueñarse mediante lobbies y jarana de las ideologías del ciudadano medio haciéndolo pasar como proteccionismo occidental. Y Occidente, más cansado y deformado que nunca, busca con desesperación una transformación renovadora a través de aliados insospechados, aunque esto signifique dejar que su ideología sea secuestrada mientras evita mirar a la cara a sus captores: sus representantes políticos.

Sin más que añadir. Salud y anarquía.

Carlos