
El 13 de octubre de 1909, a las cuatro de la mañana, era fusilado en el foso de Santa Amalia del Castillo de Montjuic el pedagogo libertario Francisco Ferrer i Guardia, considerado el instigador de la Semana Trágica y condenado por ello a la pena de muerte en un juicio lleno de irregularidades en el que el Estado buscaba, sin duda alguna, escarmentar a los anarquistas y su cada vez mayor influencia y actividad. Tanto su condena como su ejecución levantaron una oleada de protestas por toda Europa y América, uniendo, paradójicamente, e incluso publicitando, a los libertarios de distintos países como nunca. Ferrer es sin duda uno de los más importantes pedagogos y librepensadores ibéricos de todos los tiempos y una de las grandes figuras del anarquismo español.