
La II república que se proclamó el 14 de abril de 1931, no significó avance alguno respecto del régimen monárquico.
La monarquía asesinó a montones a los trabajadores, y la república, en sus 5 años que duró antes de la revolución, hizo también lo mismo.
Huelga recordar Casas Viejas, octubre del 34 en Asturias, y las palizas que recibieron los elementos anarquistas en estos años de «gloriosa república», pasando por aquellos dos movimientos insurreccionales realizados en este periodo.
Recordemos también que ya en julio de 1936 fue esa misma república de que algunos se enorgullecen la que se negó a armar al pueblo, ante el peligro fascista, y con ello dando tiempo suficiente al fascismo para tomar posiciones.
Cuando los anarquistas y varias fuerzas sociales advertían del alzamiento fascista, esa misma república se negaba a creerlo y, cuando vieron que era real, esperaban aún poder entablar negociaciones con los militares alzados en armas contra la república.
Ya planteado el problema de la sublevación, fue esa misma república la que se coaligó a elementos de lo más extraño como en la llamada «conspiración de París», o en el frente popular, medio por el cual se ahogó la revolución española.
Los sucesos de marzo de 1937 en la que la contrarrevolución stalinista daba los primeros golpes a la revolución, se hicieron con la complicidad de la república; los sucesos de mayo de 1937 también tuvieron complicidad republicana; la salida del oro del banco de España rumbo a Rusia, con lo que se fortaleció el chantaje armamentista de la URSS y se fortaleció la contrarrevolución mundial y con ella el fascismo, se hizo con apoyo republicano; la paralización de los frentes de guerra para evitar que la revolución avanzara se hizo también por obra republicana, y más aún, el colapso de los frentes de guerra se debieron también, en gran medida, a la imbecilidad republicana, en complicidad con la contrarrevolución stalinista.
Perdida la guerra y en el exilio, esos mismos republicanos se dedicaron a privilegiar a sus preferidos como con los organismos de ayuda a los exiliados.
No por oposición a la monarquía se debe uno hacer republicano.
Hay que tener mucho cuidado al oponernos a un enemigo y situarnos, aunque sea indirectamente, a lado de otros enemigos.
La monarquía y la República, por igual, consideran necesario al Estado, y con el Estado a todo ese cúmulo de crímenes que trae esa institución nefasta.
Ni República ni monarquía
¡Comunismo libertario!
#MemoriaAnarquista
(texto original de Erick Benítez Martínez)