
13 de Marzo de 1978
Ese día fue descubierto el túnel por el que ocho reclusos pretendían escapar de la prisión de Carabanchel. Entre ellos estaba Agustín Rueda, militante anarquista y antifranquista de 25 años que había sido condenado por atravesar clandestinamente la frontera desde Perpiñán llevando fotocopiadoras para la CNT/AIT
Fueron sacados de sus celdas para ser interrogados. Golpeados y torturados dejaron un reguero de sangre, hematomas y fracturas en los terribles sótanos de la cárcel. Agustín fue el último “interrogado”, no delató a nadie. Cuando fue devuelto a las celdas tenía todo el cuerpo negro de los golpes recibidos, apenas podía pronunciar palabra, tan solo repetía una y otra vez que se encontraba muy mal y creía que iba a morir.
Llegaron dos médicos de la prisión y comprobaron la insensibilidad de las piernas de Agustín con agujas. Uno le dio una patada en las costillas diciéndole: “Eso es de la humedad del túnel”. A las 10 de la noche los carceleros pusieron a Agustín dentro de unas mantas y se lo llevaron a rastras, inconsciente, con los ojos en blanco. Murió esa misma noche en el hospital penitenciario de Carabanchel. Los otros siete presos torturados reconocieron y declararon contra los asesinos sin ningún género de dudas. Por ello fueron represaliados y trasladados a distintas cárceles donde fueron sometidos durante días a todo tipo de abusos y palizas con el fin de obligarles a retirar sus testimonios.
Diez años después de su muerte, el director de la cárcel y diez funcionarios fueron procesados por la Audiencia Provincial de Madrid que les condenó a entre 8 y 10 años de prisión. Ninguno de los condenados permaneció en la cárcel más de 8 meses.