
«Los comunistas han volcado, por sus radios, toneladas de inmundicias sobre los animadores de la tercera Revolución, que defienden el verdadero poder de los soviets contra la usurpación y la arbitrariedad de los comisarios.
Nada de ello hemos ocultado a la población de Kronstadt; en nuestras Izvestia hemos publicado vez a vez sus ataques calumniadores. Nada tenemos que temer.
Saben los ciudadanos cómo se ha producido la revuelta y por quiénes. Saben los obreros y los soldados rojos que no hay en la guarnición generales ni guardias blancos.
Por su parte, el Comité Revolucionario Provisional ha dirigido un radiotelegrama a Petrogrado exigiendo la liberación de los rehenes retenidos por los comunistas en las superpobladas prisiones: obreros, marinos y sus familiares, como asimismo la de los presos políticos.
Y en una segunda transmisión ha invitado a que se envíe a Kronstadt delegados sin partido para que se comprueben sobre el terreno la verdad de los hechos y la transmitan a los trabajadores de Petrogrado.
Y ellos, los comunistas, ¿qué han hecho?
Han ocultado a los trabajadores y los soldados rojos esta invitación y aquella exigencia.
En los diarios de Petrogrado, que trajeron consigo algunas unidades del mariscal Trotski que se han pasado a nuestro lado, no se dice ni una palabra de ello. Y, sin embargo, hasta no hace mucho estos tahúres, habituados al juego sucio, gritaban que no había que tener secretos para el pueblo, ni siquiera secretos diplomáticos.
Escucha, Trotski: mientras logres escapar al juicio del pueblo podrás fusilar inocentes a montones; pero a la verdad, imposible fusilarla. Ella acabará por abrirse camino. Y entonces tú y tus cosacos deberán rendir cuentas.»
Comité Revolucionario Provisional de Kronstadt, 9 de marzo 1921
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