En memoria del compañero Unai Salanueva

Hace 28 años el insumiso Unai Salanueva se suicidó para no volver a prisión

Unai Salanueva «Beltza» tenía 22 años y era del barrio de la Txantrea, Iruñea (Nafarroa)

Sucedió el 10 de febrero de 1997, hace 28 años, cuando el joven insumiso Unai Salanueva falleció víctima del Estado. Al igual que muchos jóvenes, Unai adoptó una actitud desobediente ante el ejército y se convirtió en insumiso al servicio militar.

Eran tiempos en que el servicio militar era obligatorio y el Estado castigaba duramente la insumisión al mismo. Esta implicaba persecución policial, órdenes de detención, juicios y condenas de cárcel. La criminalización del movimiento insumiso era una constante.

Unai Salanueva sufrió todo eso. Fue detenido y juzgado. Luego de permanecer una temporada en prisión le fue aplicado el tercer grado, teniendo que volver a la prisión cada noche. Sin embargo, el 10 de febrero del 1997 salió de la cárcel. Tenía que volver a la noche, pero prefirió no hacerlo; para no volver, Unai Salanueva decidió quitarse la vida.

Cabe subrayar que la insumisión fue apoyada por alrededor de 25.000 personas; datos de 1991 revelan que la mitad eran del País Vasco. Se celebraron más de 4.000 juicios y casi 2.000 insumisos fueron encarcelados

#Insumision#alestado#alpatron

C.N.T. / A.I.T.

La anarquía explicada a l@s niñ@s

En 1931 el maestro José Antonio Emmanuel, y mediante la Biblioteca Anarquista Internacional (B.A.I.) con sede en Barcelona, publicaría un panfleto que hasta el día de hoy es utilizado para divulgar el pensamiento ácrata.»Anarquía explicada a los niños» busca presentar los principios básicos para que cualquier persona pueda entender qué es el anarquismo, cuáles son sus luchas y los medios para alcanzar sus objetivos.En el vídeo de hoy vamos a dar un paso más allá y trasladar el panfleto de José Antonio Emmanuel a un nuevo formato.EMMANUEL, J. A. (1931): “La Anarquía explicada a los niños»

https://m.youtube.com/watch?v=We-7XZk9_6s

##MemoriaAnarquista

CNT/AIT 1910

Fundada el 1 de noviembre de 1910 en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) es una unión confederal de sindicatos autónomos de ideología anarcosindicalista de España, que está adherida a la organización de carácter mundial Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Se la conoce por este motivo también con el nombre de CNT-AIT.
La CNT-AIT es una organización que ha desempeñado un papel trascendental en la historia de España con una influencia significativa dentro de los movimientos sociales y el movimiento obrero llegando a llevar a cabo La Revolución Social de 1936 a 1939.
La propuesta de creación de la CNT en 1910 fue el fruto sostenido y paciente del sindicalismo obrero por encontrar una coordinación que se creía necesaria y beneficiosa para la clase obrera en su lucha contra el capitalismo y por el desarrollo de una nueva sociedad basada en la igualdad, la justicia y el bienestar del ser humano. Su origen podría fijarse en 1870, año en que fue fundada la Federación Regional Española (FRE adherida a la AIT).
Las sucesivas experiencias internacionalistas en la región española no cayeron en saco roto y a pesar de las persecuciones, las disidencias, los períodos de clandestinidad y la incesante represión gubernamental, el espíritu solidario y libertario de la AIT ha continuado arraigado en el seno del movimiento obrero español

CNT/AIT. 11 de enero 1933: ocurrió en Casas Viejas

11 de enero 1933: ocurrió en Casas Viejas
«Fuerza aquí: guardias civiles, 25; de Asalto, 12. No se necesita más fuerza. El pueblo tranquilo, salvo la casa indicada, en la que no se sabe cuántos puede haber, siguiendo cercada».
Fernández Artal envió un telefonema con ese mensaje a Cádiz, al gobernador civil, la noche del 11 de enero de 1933. Tenía controlada la situación en Casas Viejas. Por la mañana, los anarquistas habían asaltado el cuartel de la Guardia Civil y habían herido mortalmente a dos guardias (murieron después) pero la llegada al pueblo de un grupo de agentes (que mataron a un vecino) y luego la de Artal con más hombres había dispersado a los revoltosos.
Artal comenzó por la tarde a buscar a los atacantes del cuartel y dio con uno, con Manuel Quijada. Con una gran paliza, consiguió que señalase a otros y el hombre lo condujo entonces hasta la choza de los Seisdedos. Cuando llegaron, Quijada, que iba esposado y maltrecho, se escapó y entró en la choza. Se fueron tras él dos guardias de asalto, entraron en la casa y desde dentro, Perico Seisdedos disparó y mató a un agente. El cadáver quedó dentro de la choza. El segundo guardia reculó, se parapetó en la corraleta y se quedó allí, entre dos fuegos. Artal creyó que éste estaba muerto y al otro lo dio por desaparecido. Así comenzó el asedio a la choza de Seisdedos.
Artal pidió a los de dentro de la choza que se entregasen pero le respondieron con disparos: habían acordado no rendirse. Entonces anocheció y el teniente envió ese telefonema en el que pedía granadas pero no refuerzos y más tarde decidió esperar a que amaneciese para continuar con el ataque. Antes supo que el agente que daba por muerto estaba vivo.
El pueblo estaba pues tranquilo, la situación controlada, la revuelta dominada. Artal se hallaba en la fonda del pueblo, descansando.
Fue entonces cuando llegó a Casas Viejas el capitán Rojas. Traigo órdenes de cargarme a todo el que coja, le dijo Rojas a su amigo Artal cuando éste lo puso al tanto de la situación. Mira, Manolo, eso no se puede hacer y no se hace, replicó el teniente. Ahí empezó la bronca. A ti te toca obedecer, zanjó Rojas, que tomó el mando, desautorizó a Artal y ordenó atacar la choza.
Los guardias ametrallaron la choza pero no conseguían tomarla. A los de dentro los ayudaban varios vecinos que, ocultos en las chumberas, disparaban contra los guardias. Rojas decidió entonces incendiar la casa. Envolvieron piedras con algodones impregnados de gasolina, les pegaron fuego y los arrojaron sobre el tejado de paja. La choza empezó a arder. Entonces salieron una joven y un niño: María Silva, La Libertaria, y Manuel García, de 13 años. Echaron a correr y escaparon. No disparéis, que es un niño, dijeron algunos guardias al ver a Manuel; corra, corra, le dijo al niño Fidel Madras, el guardia que aún permanecía guarecido junto a la choza. Al poco salieron otras dos personas: Manuela Lago, de 17 años, y Francisco García, de 18. Pero esta vez sonó la ametralladora y ambos cayeron al suelo muertos.
A cargo de esa ametralladora estaba el teniente Artal. Cuando se dio cuenta de que había matado a una mujer y a un joven, se puso a gritar y a reprocharle a Rojas que no le hubiese avisado de que no eran hombres armados quienes abandonaban la choza. Rojas le recordó de nuevo quién tenía allí el mando y Artal se tragó su ira.
La choza ardió. Antes de comenzar el fuego ya habían muerto dentro el anciano Seisdedos y su hijo Perico. El incendio acabó con la vida de otras cuatro personas: Paco Cruz (también hijo de Seisdedos), Manuela Franco, Manuel Quijada y Jerónimo Silva.
Serían las tres de la madrugada. El pueblo enmudeció de nuevo. Se quedó como cuando horas antes llegó Artal. La mayor parte de los vecinos que aún no habían huido al monte lo hicieron entonces. Sólo unos pocos se quedaron en sus casas, con las mujeres, los ancianos y los niños. Los guardias pasaron por la fonda y comieron y bebieron. A la salida del sol, Rojas ordenó registrar casas y detener a cuanto hombre fuese hallado en ellas. Una patrulla vio a uno asomado tras una puerta. Era el anciano Barberán. Los guardias se cuidaban ahora de entrar en una casa. Le gritaron que saliese. Dejadme, que yo no soy de ideas, contestó. Una bala atravesó la puerta y le partió el corazón.
Así fueron detenidos catorce vecinos de Casas Viejas y, al poco, doce de ellos cayeron asesinados en la corraleta de la choza de Seisdedos, junto a los escombros humeantes. Dos se salvaron porque los dejó escapar el guardia civil Juan Gutiérrez cuando cayó en la cuenta de lo que iba a ocurrirles. Artal contó luego que ni la Guardia Civil ni nadie señalaba las casas registradas, que las patrullas entraban en todas las que encontraban al paso. Si había hombres, los detenían. A quien se cogió, se le fusiló, precisó el teniente. También le dijo Artal al juez que si hubiese sospechado que los detenidos iban a ser fusilados, no hubiese detenido a nadie aunque perdiese la carrera por ello.
Los fusilamientos le parecieron poco escarmiento al capitán Rojas. Le entregó un mechero a Artal y le ordenó que pegase fuego a las casas y chozas de la parte alta del pueblo. Artal se negó. Acabamos de registrarlas y allí sólo quedan mujeres y niños, objetó. Rojas insistió en que las quemase. Entonces Artal pidió ayuda al delegado del gobernador, que andaba por allí, y entre los dos evitaron la catástrofe. Convencieron a Rojas y éste acabó por revocar la orden.
Artal y Rojas se fueron aquella mañana de Casas Viejas. La noche anterior, cuando Artal decidió esperar al día siguiente para atacar la choza de Seisdedos, los Sucesos sumaban cuatro muertos (tres guardias y un vecino del pueblo). Horas después, tras tomar el mando Rojas, había 21 fallecidos más.
Artal pasó más de un mes sumido en un caos, según él mismo relató, agobiado por los remordimientos. El 3 de marzo acabó por revelar los fusilamientos en una declaración formal en la Dirección General de Seguridad. Hasta entonces silenció oficialmente lo que había hecho su amigo Rojas, tal como éste le pidió, y sólo se lo fue contando a algunos compañeros de la Guardia de Asalto que se sacudían ese crimen molesto en cuanto se quedaban a solas con la obligación de denunciarlo.
A Artal y a Rojas los unía una buena amistad. Pero cuando Rojas se enteró de que su amigo había contado la verdad, reaccionó diciendo que en Casas Viejas se había comportado como un cobarde, que tuvo que reprenderlo allí varias veces. Artal reaccionó a su vez proporcionándole al juez instructor más detalles sobre lo sucedido. Hasta le habló de la frialdad con la que Rojas disparó su pistola contra los detenidos esposados y ordenó a sus hombres que hiciesen fuego.
Luego todo cambió. Un año después, en el primer juicio a Rojas, Artal no respaldó la insostenible versión de su amigo, pero tergiversó hechos en su ayuda y pintó un cuadro de peligros que buscaba justificar una respuesta violenta. Por ejemplo, contó que cuando él llegó con sus hombres a Casas Viejas, se detuvo a la entrada del pueblo, hizo un disparo al aire y le contestaron con fuego cerrado. Era mentira. Un año antes había relatado que al llegar con 12 guardias de asalto y 6 guardias civiles se topó con un pueblo en silencio. Un silencio tan grande, dijo, que nada que no fuese ver la carretera cortada daba idea de lo que sucedía. Disparó al aire, sí, y le respondieron con disparos; pero también al aire; y con un silbato: eran los guardias civiles que llegaron antes que él. No hubo, pues, fuego cerrado enemigo sino una entrada sin combate en una población enmudecida.
En el juicio, en la Audiencia de Cádiz, Artal contó que ante la resistencia que después encontró en la choza de Seisdedos, pidió al gobernador civil que le enviase refuerzos. Era mentira. Envió un mensaje a Cádiz. Pero decía que no necesitaba más hombres.
Dispuesto a auxiliar a su amigo, Artal no mencionó en el juicio el episodio de la orden de pegar fuego al pueblo y llegó a negar algo que él y hasta el propio Rojas habían desvelado: que tras matar a diez de los detenidos, el capitán agarró a otros dos, los empujó a la corraleta repleta de hombres cosidos a balazos, y disparó de nuevo.
El caso es que Artal descargó su conciencia en 1933. Pero un año después y en 1935, en los juicios a Rojas, le echó un cable a su amigo en la Audiencia de Cádiz.
Rojas quedó libre en marzo de 1936 y al poco comenzó la guerra, que puso a los dos amigos en zonas distintas. Los periódicos madrileños contaron en agosto que el «tristemente célebre» capitán Rojas estaba con los rebeldes en Granada. Artal Madrid. Desapareció.

CNT AIT – SIE Films Sindicato de la Industria del Espectáculo. BARRIOS BAJOS

Película completa · CNT AIT – SIE Films Sindicato de la Industria del Espectáculo.
Barrios bajos es una película española dirigida por Pedro Puche (1887-1959). Fue estrenada en Barcelona en 1937 en plena Guerra Civil. Fue realizada por un equipo del anarquista Sindicato de la Industria del Espectáculo (SIE Films), ya que la producción cinematográfica en Barcelona se encontraba colectivizada y en manos de la CNT AIT-FAI. Se trata de un melodrama del que se ha señalado que posee algunos elementos formales que prefiguraban el cine neorrealista.
«Cuando rompen tus derechos
tus navajas siembran tajos
y se dora tu belleza
en la trágica majeza
de tu barrio… Barrios bajos».
La trama plantea un triángulo amoroso, formado por Ricardo, un abogado que ha asesinado al amante de su mujer y ha tenido que buscar un escondite para huir de la policía; Rosa, una cándida y atractiva mujer que ha tenido que dejar la casa del marqués donde trabajaba como sirvienta para huir del acoso sexual del dueño de la casa; y el El Valencia, un estibador del puerto que esconde a Ricardo en pago de una antigua deuda contraída con el abogado cuando este le defendió en el pasado, y que defiende a Rosa de un malvado proxeneta, Floreal. ​ El Valencia es el héroe de la historia, personificando el bien, que se enfrenta al mal, el antagonista personificando por Floreal. El Valencia acabará sacrificándose por amor.
Tras asesinar al amante de su esposa, un abogado, Ricardo (Rafael Navarro), se esconde en Casa Paco, la posada donde vive de El Valencia (José Telmo), un estibador que vive en el Barrio Chino de Barcelona (los «barrios bajos») y al que el abogado ayudó en el pasado cuando tuvo problemas con la justicia. El Valencia, personaje noble y combativo, además de esconderle, idea un plan para que Ricardo pueda huir. En la misma casa vive acogida una atractiva joven, Rosa (Rosita de Cabo). Está sin trabajo (trabajaba como sirvienta en la casa de un marqués, de la que tuvo que huir cuando intentó violarla) y El Valencia le busca uno en la taberna de la posada en la que vive, para que no caiga en las redes de Floreal (José Baviera), un proxeneta dedicado a la trata de blancas. Este, ayudado por una alcahueta (Matilde Artero), trata de reclutarla para que trabaje en un burdel, sin éxito ante la intervención de El Valencia. Frustrado, Floreal desafía a El Valencia pero cuando Ricardo trata de ayudarle (un cómplice de Floreal iba a matarlo por la espalda), el abogado resulta herido. Rosa le cuida, y ambos caen perdidamente enamorados, ignorantes del amor que El Valencia siente por Rosa. Finalmente, El Valencia muere en una reyerta con Floreal, a manos de su cómplice, protegiendo el amor de Rosa y Ricardo. En sus brazos, el moribundo estibador les da su bendición y les pide que se amen limpiamente.
A pesar de ser una producción de SIE Films, no es cine social.​ Se trata de un «drama pasional muy melodramatizado que, según algunos autores, avanza los planteamientos del futuro neorrealismo».​ Ambientado en el Barrio Chino de Barcelona, muestra una clara influencia del realismo poético francés de la época.
La película comienza con una serie de planos exteriores urbanos que tratan de ilustrar las diferencias sociales de la ciudad: frente a los edificios lujosos y las viviendas burguesas, las calles estrechas e insalubres de las clases populares, en una suerte de realismo documental. A pesar de ello, el resto de la película trascurre casi en su totalidad en decorados, que traslucen una puesta en escena teatral con gran cantidad de planos fijos. Únicamente una breve secuencia sale de los decorados para mostrar el trabajo de los estibadores en el puerto de Barcelona. Son estas escenas exteriores las que han relacionado a Barrios bajos con «el realismo francés coetáneo» de autores como Jacques Feyder, Marcel Carné o Julien Duvivier.
Pero la película tiene también un plano inicial de clara inspiración expresionista: el marido, huyendo del escenario del crimen se encuentra ahogado por la situación, mostrado mediante un primer plano amplio del asesino, claramente abatido, en el que se afloja la corbata, con una sobreexposición de las calles de la ciudad girando oblicuamente en torno suyo: la ciudad le rodea opresivamente.
Dirección Pedro Puche
Ayudante de dirección Luis Cortés
Producción Julio Salvador
Guion Federico Elías, Pedro Puche, Antonio Sau, sobre una obra teatral de Luis Elias
Basada en Barrios bajos, de Lluís Elias
Música Juan Dotras Vila
Sonido Francisco Gómez
Maquillaje Joaquín Carrasco
Fotografía José María Beltrán
Montaje Joan Pallejá
Protagonistas
José Telmo
Rosita de Cabo
Rafael Navarro
Pilar Torres
José Baviera
Matías Morro
Año 1937
Género Melodrama
Duración 94 minutos
Productora S.I.E. Films
Estudio Orphea
🎬 https://youtu.be/ck3xHE814gs

CBT/AIT Aurora de Esperanza (1937)CBT/AIT

Aurora de Esperanza (1937)

Aurora de Esperanza es una película anarquista española, dirigida por Antonio Sau y producida por SIE Films ( Sindicato de la Industria del Espectáculo Films) durante la Revolución Social española.​

Aurora de Esperanza es un melodrama que narra los problemas de un obrero barcelonés para encontrar trabajo tras el cierre de su fábrica, así como su toma de conciencia social y su posterior participación en mítines y manifestaciones en las jornadas previas al estallido de la Guerra.

La película, fruto del control anarquista sobre la industria del cine en la Barcelona de 1937, es una denuncia de las injusticias del sistema capitalista y una exaltación del ímpetu revolucionario que primaba en aquel momento.

Película completa en HD – CNT AIT SIE Films

https://youtu.be/mVG84jvBP7g