Respuesta a las insultantes declaraciones de la Consejera de Desarrollo Sostenible. CNT/AIT

Tras la concentración a las puertas de la Consejería de Desarrollo Sostenible en Toledo, a la que convocaban la totalidad de las organizaciones sindicales presentes en la empresa pública Geacam, MAS

dependiente de dicha consejería, para denunciar la precariedad, los continuos recortes, la caducidad del convenio, su deficiente aplicación, y otros muchos problemas que arrastra el castigado y poco valorado colectivo de bomberxs forestales en nuestra región, la titular de dicha consejería hizo unas declaraciones incendiarias como respuesta a la movilización.

Solo caben dos posibilidades para explicar esta muy desafortunada intervención:
O bien no está bien informada de la situación real de nuestro colectivo o bien miente muy a sabiendas, con una mala fe manifiesta.

Vamos a intentar dar respuesta a dichas lamentables declaraciones, punto por punto.

Apela la señora consejera a que hay que «ser realistas» , y seguidamente manifiesta que » en otras CCAA se hacen las cosas de forma muy diferente «, en una velada amenaza de empeorar aún más las condiciones del dispositivo, tomando como baremo las CCAA en las que la situación del dispositivo está peor que en la nuestra, que por desgracia las hay, en lugar de fijarse como objetivo las CCAA en las que la situación sociolaboral del dispositivo, su profesionalización, estabilidad y reconocimiento están muy por encima de la nuestra, que también las hay, por fortuna.
Nuestro colectivo, como no puede ser de otra forma, aspira a mejorar, no se va a conformar con las malas condiciones en las que se encuentra ante la triste amenaza de que podríamos estar peor.

Continúa con estas declaraciones con el siguiente párrafo:

«Alguien piensa que con estas cifras de incendios y el número de hectáreas quemadas, que representan el 0,5% de todo lo que se ha quemado en España en estos momentos, si no tuviésemos suficiente personal y suficientes medios ¿hubiésemos podido atajar los incendios de la forma que lo hemos hecho? ¿Alguien lo cree? Sinceramente yo creo que hay que ser realistas, justos y saber lo que tenemos que hacer»
Esta campaña de incendios, que, recordemos que todavía no ha terminado, se ha cebado principalmente con el cuadrante noroccidental de la península, debido a las condiciones meteorológicas y a la especial casuística de los incendios en dicho cuadrante, y ha resultado, hasta la fecha, muy poco virulenta en el resto de la península, en la que hay muchos y muy variados dispositivos de lucha contra incendios. Gracias al trabajo de lxs bomberxs y técnicxs de nuestro maltratado colectivo no ha habido ningún incendio de gran magnitud, al menos comparable a los monstruos de León u Orense, lo cual no significa que el dispositivo sea suficiente ni esté bien dotado, sino que el pundonor y trabajo profesional de sus integrantes, en jornadas interminables y condiciones muchas veces inhumanas ha suplido las carencias estructurales.
Colgarse una medalla que no le corresponde más que a condiciones circunstanciales y a la extenuación y sobreexplotación del díspositivo es una maniobra muy maquiavélica.

Seguidamente declara que la totalidad de la plantilla trabaja 365 días al año, mentira manifiesta, cosa que ella misma confirma al admitir que existe aproximadamente (sic) un 7% de fijxs discontinuxs, como si estxs no formaran parte de la plantilla, y añadimos también al contingente de interinxs que se incorporan cada verano en contratos eventuales para ir a la calle al final de la temporada.

Afirma que «cuando se necesita un refuerzo en verano, evidentemente se contrata ese personal, pero además el convenio colectivo garantiza que esas personas una vez que finalizan su actividad con nosotros, no van a la calle y no se les vuelve a contratar nunca jamás en la vida, sino que vuelven a la bolsa de trabajo específica para poder volver a ser contratados cuando se requieran por parte de la empresa, con su formación específica, con su equipación específica y con todos los bienes y los materiales necesarios», como si ese colectivo, en el que encuadramos a fijxs discontinuxs e interinxs fuese un contingente cleenex, de usar y tirar, siempre disponible a capricho de la empresa. Con cuatro meses de contrato, que es la duración de lxs fijxs discontinuxs, o incluso mucho menos, en el caso de las bolsas de interinxs, no se come ni se vive, y se produce la situación endémica de que gran parte de estos contingentes formados y con vocación acaban abandonando la carrera, migrando a otras opciones laborales con mejores perspectivas. Se pierde así a gente muy valiosa y con vocación, además de todo el trabajo de formación invertido en ellxs.
Sería necesario estabilizar a este colectivo, no pertenecer a un servicio que mengua y crece por consideraciones únicamente económicas. En el resto del año hay tareas preventivas que realizar, incendios para los que se pide personal voluntario, y otras emergencias como inundaciones y accidentes, en los que se necesita un dispositivo de asistencia ágil y formado, para atender dichas necesidades en las zonas rurales.

Manifiesta que «nos encontramos con nada más y nada menos sólo 291 personas trabajando en Geacam y 16 millones de euros para hacer prevención. Hoy tenemos 2.530 personas trabajando, de los cuales más de 2.200 son bomberos y bomberas forestales, que somos de las pocas comunidades autónomas que tenemos reconocida esa categoría profesional». Apaga y vámonos, haber superado la nefasta gestión de Cospedal no es como para tirar cohetes, es casi imposible hacerlo peor.
En cuanto a la categoría profesional dice la verdad, pero tener reconocida la categoría sin que esto se traduzca en sueldo o mejoras tangibles es un brindis al sol, lo mismo daría que en nuestros contratos figurara la categoría de ministrxs… Somos un servicio público, y como tal debemos estar reconocidas, demandamos ser personal laboral, con las mejoras laborales y salariales correspondientes.

Continúa con este muy desafortunado y ofensivo párrafo, «los últimos diez días se han contabilizado 52 incendios en toda la región, con 187 hectáreas exclusivamente quemadas, una gestión que ha atribuido a la eficacia y eficiencia del Gobierno autonómico».
Atribuir la escasa incidencia de incendios y la poca superficie quemada a la «eficiencia y eficacia del gobierno autonómico» es un insulto a el colectivo y a la empresa pública, que somos quienes luchamos en primera línea y los que gestionan las actuaciones contra los incendios, muy a pesar de la escasa dotación y la deficiente situación laboral de gran parte del contingente.

Difícilmente se pueden hacer unas declaraciones más alejadas de la situación real del dispositivo, más ofensivas y más incendiarias que las que usted ha hecho, señora consejera.

CNT-AIT GEACAM

ZSP/AIT. Związek Wielobranżowy, Warszawa

Cientos de personas en Varsovia marcharon por #FreePalestine exigiendo #EndIsraeliApartheid y #GazaGenocide, incluyendo judíos polacos y descendientes de refugiados palestinos que se criaron aquí, todavía teniendo su hogar en sus corazones, tomados por colonizadores sionistas.
También repartimos folletos para nuestro evento de la próxima semana ZGAŚ FASZYZM W ZARODKU – kontrdemonstracja przeciw Braunowi

Braun a veces se refiere a Palestina como un ataque contra Israel, pero él y sus compinches son difíciles de identificar en eventos pro-palestinos ya que su odio a los árabes y el Islam es tan fuerte como los judíos y el judaísmo, normalmente ahora tiene otra excusa.

Como todos los nacionalistas, Braun y Sionistas, diferentes detalles, sus puntos de vista son idénticos en aproximación: fundamentalismo religioso, supremacía blanca, xenofobia, etnocentrismo. Incluso el creador del sionismo, Theodor Herzl escribió que los antisemitas son los mayores aliados de los sionistas, lo cual es difícil de estar en desacuerdo con ver cómo los sionistas tratan a los judíos sin apoyar a Israel o a sus autoridades actuales.

#Antyfaszyzm

#Antyrasizm

#Anarchizm

#Syndykalizm

#FckNzs

LA HUELGONA: Las mujeres que pararon dos meses a Franco, AL FASCISMO SE LE COMBATE NO SE LE DISCUTE


En 1962, una huelga minera que se inició por un conflicto laboral en Asturias terminó convirtiéndose en el mayor desafío político al que tuvo que enfrentarse el franquismo desde la finalización de la Guerra Civil: 300.000 trabajadores de todo el Estado español terminaron sumándose a un paro

En 1962, una huelga minera que se inició por un conflicto laboral en Asturias terminó convirtiéndose en el mayor desafío político al que tuvo que enfrentarse el franquismo desde la finalización de la Guerra Civil: 300.000 trabajadores de todo el Estado español terminaron sumándose a un paro que se extendió durante dos meses. Fueron las mujeres de las Cuencas Mineras las que garantizaron las condiciones que lo hicieron posible.

A lo largo de la historia, ha habido –y hay– quienes saben que sí o sí aparecerán en los libros; quienes intuyen que sus aportaciones, para bien o para mal, podrán merecer la atención de los que la escriben; y quienes ni por asomo lo han contemplado. A este último sector pertenece la mayoría de la población y, en especial, de las mujeres, pero es ahí donde se ha hecho historia con mayúsculas, aquella que ha perpetuado la vida frente a la destrucción, que ha sembrado justicia frente a los privilegios y que se ha constituido en resistencia frente a quienes sostenían que conformarse era el mandato divino o legal.

En 1962, cuando el régimen franquista presumía de un supuesto milagro económico como estrategia para legitimarse y lavar su imagen internacionalmente, un grupo de mujeres y hombres pobres de un aislado valle asturiano conseguían lo impensable hasta el momento: abrir la brecha de la oposición política a partir de lo que empezó siendo, ni más ni menos, que una protesta laboral.

La esquiva primavera asturiana seguía haciéndose de rogar en la Cuencas Mineras en aquellos días de abril de 1962 en los que miles de hombres tenían aún que recorrer hasta dos horas a pie para llegar, aún de noche, a los pozos en los que iban dejándose los pulmones y la vida, para salir por un mísero sueldo, también de noche, a unas condiciones de vida que no diferían mucho de las que habían vivido sus antepasados un siglo atrás.

Con una diferencia abismal: las Cuencas habían sufrido la Guerra Civil y la posguerra con una virulencia especial, aquella que los golpistas consideraban que merecía una zona destacadamente roja y a la que tanto les había costado aplacar –que ya se había convertido en un símbolo de los movimientos obreros con su Revolución de 1934– y que durante años albergó en sus montañas a guerrilleros que se negaban a dar por vencida a la democracia.

Guerrilleros que no habrían podido subsistir sin el apoyo de la población civil que les protegía, nutría y esperaba, mayoritariamente conformada por mujeres. Una de ellas era Anita Sirgo, hija del guerrillero Avelino Sirgo, y enlace de la guerrilla desde los nueve años. Ser miembro de una familia republicana no sólo le costó no conocer a su padre –sólo lo vio una vez sin saber quién era– y no saber aún ni en qué cuneta está enterrado, sino que sus abuelos y su madre fueran encarcelados y su tío ejecutado. Por todo ello, es una de las firmantes de la causa contra los crímenes del franquismo que se investiga en Argentina.

Pero Anita Sirgo es también una de las cientos de mujeres que hicieron posible la emblemática huelga minera de 1962, que tuvo su origen en unas sanciones de suspensión de empleo y sueldo a siete mineros que se atrevieron a pedir una subida del jornal que cobraban en el Pozo Nicolasa, en Mieres. Esto, que había ocurrido infinidad de veces anteriormente, desató un extraordinario movimiento de solidaridad que empezó entre sus propios compañeros , que se negaron a trabajar al día siguiente iniciando así una huelga de dos meses que se fue extendiendo, primero por las minas asturianas y siderúrgicas -60.000 obreros sólo en esta región-, y posteriormente por 23 provincias españolas. Según distintas fuentes historiográficas, llegaron a participar hasta 300.000 personas de todo el Estado español. Y todo ello, sin convocantes ni consignas, sin apenas hablar -se conoce también como ‘la huelga del silencio’– para evitar filtraciones y represión, y echando mano de una cultura muy interiorizada de la solidaridad de clase que “cuenta con unos mecanismos de identificación de quiénes son los nuestros y quiénes el enemigo que suelen funcionar de una manera muy espontánea ya que no requieren una militancia explícita”, explica Rubén Vega, historiador y autor del libro Las huelgas de 1962.

Tal fue la repercusión nacional e internacional –se celebraron actos de solidaridad en otros países europeos, y medios como The New York Times o Le Monde se hicieron eco de la rebelión–, que la huelga consiguió algo extraordinario, como lo define Vega: “Algo que no había ocurrido antes y que no volvió a ocurrir: que un ministro de Franco viniese no sólo a negociar con los huelguistas, sino que además cediese. Es peculiar, además, porque las minas eran privadas aún y el que negocia es un ministro, no la patronal ni los empresarios. Y porque las cesiones se decidieron en un Consejo de Ministros presidido por el dictador y se publicaron en el Boletín Oficial del Estado. Se conceden 75 pesetas por cada tonelada producida de carbón destinadas a la subida de los salarios”.

Como subraya Vega, en aquel momento los mineros llevaban ya más de un mes en huelga, un delito equiparable a la rebelión militar según la legislación vigente, lo que convirtió inmediatamente a la huelga en un desafío político y, sin embargo, el régimen negoció con quienes, bajo sus normas, eran delincuentes.

La última vez que los mineros habían visto incrementarse sus sueldos había sido en 1956, pero en 1962 el precio de alimentos básicos como el pan o las patatas se había encarecido entre un 50 y un 200 por ciento. “La huelga fue posible por una combinación de factores. Había descontento porque el régimen presumía de que la economía empezaba a tirar, pero la gente no veía mejorar su situación. La minería es un sector muy especial porque había una tradición muy fuerte de solidaridad que hizo que el conflicto estallase. Pero también por un relevo generacional. La mayoría de los detenidos y deportados por la huelga tenían una media de edad muy joven, gente que no había vivido la guerra y que, por tanto, tenían menos miedo”, resume Vega. De hecho, pese a que había actividades clandestinas de organizaciones como el Partido Comunista y de cristianos de base, no pudieron ver venir la huelga “y ni en sus mejores sueños hubiesen podido imaginar lo que iba a ocurrir”, añade. Aunque sí la apoyarían una vez desatada.

Hasta aquí el resumen del relato habitual de uno de los capítulos más heroicos del antifranquismo, con el que Asturias se labró parte de su merecida reputación obrera y rebelde. Pero, ¿quiénes aseguraron en gran medida las condiciones necesarias para mantener una huelga de dos meses?

“Yo he conocido a mujeres que han trabajado en todos los ámbitos de la mina”, explica Montserrat Garnacho Escayo, antropóloga de género natural de Mieres, y autora de numerosos libros y artículos sobre las mujeres en las minas asturianas. “Conocí a una mujer que fue picadora durante ocho años porque su marido no podía seguir por la silicosis. Como la paga que le correspondía no le daba para vivir a ellos y a sus hijos, le pidió al jefe que le dejara desempeñar su puesto. Rompió aguas picando, porque tuvo dos hijos más siendo minera. Pero, claro, la paga la cobraba a nombre del marido, porque en aquel momento era ilegal que las mujeres fueran mineras. Las mujeres están ocultas de la foto, pero estaban ahí”.

Las mujeres han trabajado en las minas -dentro y fuera- desde sus inicios, como los niños y las niñas, por ser un trabajo precario y denostado. También en Asturias, donde encontramos cómo fueron empleadas desde el siglo XIX también como picadoras cuando había aumentos de la demanda, como en la paralización de la siderurgia vasca por la Tercera Guerra Carlista o durante la I Guerra Mundial. Siempre cobrando la mitad que los hombres, 1,05 pesetas a finales del siglo XIX según un estudio de Fernando García Arenal, citado por Garnacho, y menos que los menores, que recibían entre 1,25 y 1,5 pesetas. Según esta estudiosa, en esta época se estima que unas 600 mujeres trabajaban en las minas asturianas de hulla.

Eso sí, cuando escaseaba la demanda, las mujeres volvían a ser relegadas a las labores que tradicionalmente desempeñaban como carboneras: cargar los vagones con el carbón extraído de los pozos, lavarlo –a menudo, con sus bebés al lado tragando el mismo polvo que también a ellas les provocaba silicosis, aunque no se le reconociese como enfermedad laboral–; e, incluso, recuperando el carbón que terminaba en las riberas de los ríos, cargándolo en cestos chorreantes de agua sobre sus cabezas durante kilómetros, para venderlo o tener así algo con lo que alimentar sus propias cocina de carbón. Eso sí, estos trabajos sólo eran aceptados socialmente si los desarrollaban antes de casarse. Si no, era cosa de las viudas de los ‘rojos’, de las madres solteras o que tenían a sus esposos en los campos de concentración, o “mujeres de mineros muertos en accidente a quienes se les ofrecía el medio jornal a cambio de la paga de viudedad, más miserable aún”, escribe Garnacho.

Pese a que sus condiciones eran mucho peores incluso que las de los mineros, no aparecen en el relato heroico de las condiciones que provocaron las huelgas de 1962, como tampoco lo hicieron sus vecinas y esposas, hijas y madres de los mineros que pagaron con cárcel, torturas y hambre la osadía de organizarse para que éstos cobraran algo más que una miseria.

Hombres que, por aquel tiempo, no tenían derecho siquiera a “una muda de ropa –porque llegaban por la noche con el uniforme empapado por el agua que caía en los túneles y no nos daba tiempo a secarlos, así lo pusiéramos en cuanto llegaban encima de la cocina de carbón–; o ducharse en un sitio cerrado y con agua caliente”, nos dice Anita Sirgo, que ya trabajaba en la clandestinidad para el Partido Comunista cuando se desató la huelga del 62. Su marido, Alfonso Braña, también implicado en la lucha antifranquista comunista, había sido despedido de la mina anteriormente, donde había trabajado como picador y vigilante, pero tanto ellos como sus hijas seguían viviendo en el edificio que se había construido en Lada (Langreo) para alquilárselo a los trabajadores de la mina. Desde allí, junto a otras mujeres como Constantina Pérez (Tina) y Celestina Marrón, gestaron y coordinaron la resistencia que haría posible una huelga de dos meses para unas familias que ya malvivían cuando tenían un salario y que “se convirtió en el primer gran desafío para el franquismo en términos de movilización obrera que, además, consiguió conectar este movimiento de trabajadores con el estudiantil, el intelectual –un centenar de ellos firmaron una carta de protesta dirigida al régimen- y el de mujeres -más de 200 se manifestaron en solidaridad con la huelga en la madrileña Puerta del Sol–”, analiza Vega.

“Como no podíamos juntarnos más de siete mujeres porque no había derecho a la reunión, y ya estábamos fichadas, pues nos encontrábamos de a poquitas. Poníamos una cafetera y unas tazas en la mesa por si venía la Guardia Civil a ver qué estábamos haciendo, y nos poníamos de acuerdo sin poder tomar notas ni nada, todo era de memoria”, rememora Anita en la misma cocina en la que organizó gran parte del reparto de la propaganda, así como muchos de los piquetes que garantizaron el mantenimiento de la huelga. “Antes no había móvil, tenía que ser todo caminando y con la lengüina. Había veces que salíamos a hablar con las otras mujeres por la mañana y no volvíamos hasta por la noche”, explica esta mujer que a sus ochenta y ocho años no aparenta más de setenta, y que transmite tanta energía como calidez.

“La participación de las mujeres en la huelga fue decisiva desde el inicio, por ejemplo, con el reparto de propaganda que permitió que se extendiera por las Cuencas”, explica Vega. Fue así como las mujeres consiguieron romper con el cerco informativo de la censura franquista y con el aislamiento que sufrían las Cuencas, desde donde las noticias llegaban con días de retraso a ciudades como Gijón u Oviedo.

Para ello, las mujeres escondían bajo sus ropas las cuartillas, a sabiendas de que un delito así se pagaba con prisión. Y para asegurarse de que las mujeres que habían dado su palabra de que participarían en los piquetes no se echaban atrás, Sirgo y sus compañeras se levantaban a las cinco de la mañana para ir a buscar una a una a sus compañeras. Sabían, porque arrastraban el mismo dolor, que no debían temer sólo a los palos con los que la Guardia Civil las intentaba dispersar, ni a las represalias contra sus maridos, sino que eran perfectamente conscientes de que el franquismo no perdonaba la disidencia porque ellas mismas habían crecido rodeadas de familiares asesinados en las cunetas, encarcelados en campos de concentración o asediadas por el hostigamiento con el que en las Cuencas se perseguía a las ‘rojas’. “De aquella sabías que salías de casa, pero no si volvías. Recuerdo que el primer día de huelga que fuimos a buscarlas, estaban todas levantadas y no falló ninguna”.

Armadas con palos y maíz, cortaban los accesos a los pozos y regaban los caminos con los granos. El mensaje era claro, estaban llamando ‘gallinas’ a los que intentaban volver al tajo, sabiendo que pocas cosas peores se les podía llamar a un paisano asturiano. Una sencilla medida que realmente contrariaba a los llamados ‘esquiroles’. Y cuando los guardias civiles intentaban detener a alguna, se entrelazaban con sus brazos al grito de “o todes o nenguna” (“o todas o ninguna”). Los porrazos llovían y los brazos se fundían.

“Había esquiroles que querían entrar al pozu porque ya no se aguantaba más, porque claro, se pasó mucha hambre y eso que teníamos una muy buena solidaridad con las tiendas, que nos daban fiado”, apostilla Sirgo mientras mira a su alrededor y recuerda cómo las mujeres de edificios tan austeros como éste –cuyas dos plantas parecen achatarse aún más bajo el peso de un niebla materializada en orbayu– se organizaban para recaudar dinero y comida de los comercios y de los chigres (sidrerías) –”todos daban”– que ponían en común para todo el vecindario. Pero también, para enviarlo a los más de 120 huelguistas que fueron deportados a regiones españolas aún más míseras y en las que no tenían a nadie, a las familias de los 198 que fueron despedidos y a las prisiones en las que se amontonaron hasta 356 huelguistas encarcelados.

Hay que recordar que hasta los años 50, en Asturias había más de medio millar de presos republicanos trabajando forzosamente en las minas, donde se instalaron algunas de las Colonias Penitenciarias Militarizadas que el régimen repartió por todo el país para explotar a unos 400.000 presos políticos, según José Luis Gutiérrez Molina, director científico del banco de datos Todos los nombres. Por cada dos días trabajados les restaban, supuestamente, uno de condena. Y como todo pago recibían un jornal de 50 céntimos, cuando la media por el mismo trabajo estaba entre 7 y 9 pesetas, según el exminero y líder sindical Antón Saavedra. Muchos mineros asturianos apresados durante la guerra y la posguerra, terminaron siendo explotados en yacimientos de otras regiones. Por tanto, la prisión no era un escenario ajeno a la minería.

“Era una solidaridad que no veo por ninguna parte hoy, cuando hay tantas o más razones que entonces. Una de las mujeres que venía a los piquetes, con un palo que quitó a una banqueta, tenía más de 70 años. Tenía a sus dos fíos (hijos) en la mina. No logro entender lo que pasa hoy”, dice Sirgo, ahora volcada en las manifestaciones por las pensiones, sin perder la sonrisa, “porque si no mantenemos el ánimo, vidina del alma mía, esto no hay quien lo soporte, porque sufrimos mucho, mucho, mucho”.

Tanto como que un año después, en 1963, llega destinado un nuevo capitán de la Guardia Civil a las Cuencas Mineras, Antonio Cairo Leiva, para poner orden ante la sucesión de nuevas huelgas. “Supongo que en su cabeza esta zona es un foco de rojos, de enemigos a conquistar. Decide hacer méritos y encontrar al más buscado, Horacio Fernández Iguanzo”. Iguanzo, conocido como El Paisano, fue un destacado dirigente comunista que pasó más de una vez por casa de Sirgo y su marido, Braña.

El capitán Leiva manda buscar al matrimonio, como a tantos otros destacados participantes en las huelgas, para que vayan a comisaría. Primero va Braña, después Sirgo con su amiga Tina Pérez. Cuando las encierran en el calabozo, Sirgo sospecha que su marido está en la celda de al lado y golpea la pared con sus tacones, que no se quitaba desde que consiguió tener un primer par el día de su boda. Al otro lado, Braña responde con los mismos golpes. A partir de ahí los gritos, llantos y puñetazos se suceden. Los mismos que poco después recibirían Anita y Tina para que den nombres, localizaciones, implicaciones políticas. No abren la boca. Leiva sigue golpeando. Otros torturadores bien conocidos en las Cuencas, como el cabo Pérez, también. Ante su silencio, Leiva ordena que las rapen. Ocho días después de su detención, les exige que para ser puestas en libertad, cubran su cabeza con un pañuelo. Ellas se niegan. Salen con la cabeza bien alta, para que todo el mundo las vea. Anita ha perdido la audición de uno de sus oídos. Tina saldrá tan debilitada, que muere dos años después como resultado de las enfermedades que se le sucederán a partir de ahora. Es 1965 y Anita Sirgo no podrá ir a su entierro porque está en París, exiliada después de que le tirará uno de sus tacones a un Guardia Civil que la perseguía tras una protesta. El Partido Comunista la ha sacado de España esa misma noche para evitarle la prisión. Allí, en casa de unos camaradas franceses, aprende a leer y escribir “lo poco que sé, pero, por lo menos, a mí ya no me engaña nadie”. Tras dos años de exilio, pide volver bajo su responsabilidad. “Allí estaba presa, lejos de mis fías y el mi home. En la cárcel, por lo menos, van menguando los días de pena”.

A su vuelta, en 1966, la condenaron a tres meses de prisión y 100.000 pesetas de multa. Se negó a pagarlas “porque no las tenía, porque no iba a consentir que nadie las pagara y porque no quería que se riesen de nosotros”. Tuvo que cumplir un mes más, antes de volver a su casa y seguir protagonizando algunos de las protestas más significativas del antifranquismo en Asturias. Pero esas son ya otras historias, también invisibilizadas hasta recientemente por los libros de historia y por los discursos de la izquierda porque “hubo dos partes en esta lucha, la de arriba, la de los hombres, y la otra pequeñina, la de las mujeres, la diaria. El de los mineros es un relato épico y una foto de una mujer con una cestina en la cabeza estropea esa épica porque eso es la lírica“, sintetiza Montserrat Garnacho. Una lírica que, en muchos casos, se convertía en sus hogares en vidas atormentadas por la violencia machista.

En este sentido, el historiador Rubén Vega, que lleva años investigando desde el paradigma de la historia social, –“el de la de la inmensa mayoría, la gente común que no tiene estatuas ni recibe homenajes”–, entiende que “la agenda de los historiadores no la cambió una reflexión intelectual que nos llevase a tomar conciencia de nuestras carencias, sino el movimiento feminista que empieza a hacer historia con perspectiva de género y que nos plantea el desafío de ver cómo nosotros la estábamos haciendo tapándonos un ojo, viendo sólo la mitad”.

Un acercamiento al estudio de la historia – “que no es pasado, pasado es el tema que trata, pero la historia es siempre presente porque es la mirada desde la que nos dirigimos al pasado”, sostiene– que cambiaría no sólo los relatos oficiales, sino la esencia misma de los valores predominantes de nuestras sociedades.

“HUBO DOS PARTES EN ESTA LUCHA, LA DE ARRIBA, LA DE LOS HOMBRES, Y LA OTRA PEQUEÑINA, LA DE LAS MUJERES, LA DIARIA”

“Hay una cosa que hacen las mujeres en el 62 que no se había hecho en las huelgas anteriores, que son los piquetes. Las mujeres se atreven a hacer algo que los hombres no son capaces de hacer, y con ello juegan con algo que me parece fascinante:se hacen fuertes precisamente en su rol de género tradicional como esposas, madres y amas de casa para transgredirlo. Y esto a los represores, a la policía, a la Guardia Civil, les crea una contradicción: no pueden entrar a saco a reprimir a las mujeres como lo harían con los hombres. De hecho, las torturas a Anita Sirgo y a Tina Pérez y su rapado es más escandaloso porque son mujeres, porque a los hombres los torturaban diariamente, y porque el rapado era cosa de otra época. Ellas son capaces de aprovechar ese rol de género para subvertirlo porque no se espera que las mujeres hagan piquetes, que desafíen a los mineros, que extiendan la huelga o que se enfrenten a la policía. Y lo hacen en la esfera pública, desafiando al poder y las leyes, y desde la militancia política”, analiza Vega. “Y no es que previamente fuesen feministas y entonces hagan estas cosas, sino que, quizás, el hacer estas cosas les haga adquirir cierta conciencia feminista”, añade.

“No podíamos consentir que los hombres volvieran a trabajar con las orejinas bajas y sin conseguir nada”, resume Sirgo. Y no lo consintieron. Así tuvieran que pagarlo con torturas, cárcel y hambre. Así se lo pagaran, durante décadas, con silencio en los homenajes y con el blanco de los márgenes de los libros de Historia. Autora: PATRICIA SIMÓN

CNT/AIT-IWA. El racismo no tiene cabida en nuestra tierra

El racismo no tiene cabida en nuestra tierra

https://instagram.com/p/DMP5Ah7N1Ll/ Nosmos eco de acto de acto con el racismo, se ha reunido para el lunes 21 de julio a las 20:00h. en la ciudad de Murcia. El recorrido desde el «Alfonso X» hasta el «Palacio de San Esteban». Convocante: Organizaciones y colectivos sociales, sindicales y culturales de la Región de Murcia. SOV CNT AIT Cartagena

DESERTOR EN LA DEMONSTRACIÓN CONTRA EL GENOCIDIO EN PALESTINA

DESERTOR EN LA DEMONSTRACIÓN CONTRA EL GENOCIDIO EN PALESTINA
Los miembros de la redacción del periódico antimilitarista Dezertér participan regularmente en manifestaciones contra la guerra y los asesinatos en Palestina. Con regularidad informamos sobre la resistencia antimilitarista de los negadores militares israelíes, los llamados. rechazos que se niegan a unirse a las FDI y participar en la ocupación y las acciones militares de su propio país. Además, el tercer número de marzo del desertor estuvo dedicado principalmente a Palestina y a la resistencia israelí a la guerra. Ver Mas

DESERTOR EN LA DEMONSTRACIÓN CONTRA EL GENOCIDIO EN PALESTINA

Los miembros de la redacción del periódico antimilitarista Dezertér participan regularmente en manifestaciones contra la guerra y los asesinatos en Palestina. Con regularidad informamos sobre la resistencia antimilitarista de los negadores militares israelíes, los llamados. rechazos que se niegan a unirse a las FDI y participar en la ocupación y las acciones militares de su propio país. Además, el tercer número de marzo del desertor estuvo dedicado principalmente a Palestina y a la resistencia israelí a la guerra.

Sin embargo, el sábado 19 de julio participamos en la manifestación pro-palestina como un bloque visible y en mayor número de lo habitual. Llegamos bajo pancartas antimilitaristas con el símbolo de un rifle roto. Los mismos que también usan nuestros amigos israelíes, que se niegan a asesinar a sus hermanos y hermanas palestinos. Arrancan o queman sus órdenes de reclutamiento en el ejército israelí y prefieren enfrentarse a la persecución y encarcelamiento. Esta es también la manera de detener la guerra y el genocidio, porque sólo los humanos pueden hacerlo a través de las cabezas de líderes y políticos. Resistencia a la guerra, cooperación y cercanía entre israelíes y palestinos. ¡Juntos!

En la Plaza de la Paz escuchamos varios discursos en checo e inglés, mientras tanto varios de nuestros miembros dieron la vuelta a los participantes del evento y repartieron más de 250 piezas del nuevo número especial de Desertéra. Después de la media treinta, se formó el frente de los desfiles y se fue a una marcha por las calles de Praga. Se terminó en la Plaza Wenceslao. El desfile tuvo su energía inconfundible y a lo largo del tiempo, los cantos de las contraseñas se alternaban en checo e inglés. Nos gustaría tomar este camino para agradecer a todos los que escucharon nuestro llamado y vinieron al evento para decir NO a la guerra y a los asesinatos en Palestina. No dudes en ir a más manifestaciones regularmente, mostrar solidaridad con el pueblo palestino y el movimiento israelí anti-guerra, gritar contra la guerra y hablar de ello con tus amigos, colegas y compañeros de clase. Recuerde que podemos detener la guerra -con la resistencia desde abajo- aquí en casa y en Israel y la propia Palestina. Por lo tanto, apoya el movimiento allí. Nos vemos en la próxima manifestación en Praga, Brno o Bratislava.

¡Sin dinero, no hay hombre para la guerra y el militarismo

fuente

CNT/AIT-FAI LA BARRICADA CIERRA LA CALLE PERO ABRE EL CAMINO

LA BARRICADA CIERRA LA CALLE PERO ABRE EL CAMINO
El 19 de julio de 1936 era domingo, pero los trabajadores, principalmente los de Barcelona, no se habían relajado y muy al contrario habían pasado la noche en alerta, velando armas, ante las noticias de sublevación inminente de los militares facciosos.

LA BARRICADA CIERRA LA CALLE PERO ABRE EL CAMINO

El 19 de julio de 1936 era domingo, pero los trabajadores, principalmente los de Barcelona, no se habían relajado y muy al contrario habían pasado la noche en alerta, velando armas, ante las noticias de sublevación inminente de los militares facciosos.

Sublevación que se produjo efectivamente, aunque la capacidad organizativa y la audacia clarividente del proletariado anarcosindicalista barcelonés consiguieron derrotarla en pocas horas, trágicas e intensas ciertamente, pero sin embargo la euforia del triunfo con su descarga de tensión consiguió devolver su habitual aire festivo a aquel domingo al que, además, el carácter épico de la jornada dejó signado de manera muy señalada entre las efemérides proletarias.

Para celebrar pues la efeméride, entre los miles de textos y/o imágenes que se pudieran aportar dejamos este de L.A. Edo, interesante y novedoso por su original visión del genio creativo de la revolución en acto.

LA BARRICADA

COMO ESTRUCTURA REVOLUCIONARIA

Salvo algunos, muy pocos militantes de la CNT-AIT, los historiadores no se han detenido a reflexionar sobre lo ocurrido en Barcelona en las primeras horas de lucha del 19 de julio.

La explicación que dan para entender lo ocurrido no ha podido, por supuesto, ignorar la presencia de los anarquistas y de la CNT-AIT, incluso se les ha dedicado un canto lírico a su generosidad, a su entusiasmo, a la “heroica espontaneidad de esos pobres trabajadores sin armas”.

Pero ni una sola concesión cualitativa a su visión de aquellas horas, ni a la clarividencia de su actuación.

Sin embargo una reflexión objetiva sobre los hechos permite detectar algo más, que merece, aparte de ese reconocimiento moral, un estudio en profundidad bajo el prisma táctico, estratégico y estructural que es, en definitiva, lo que no esperaban los militares ni los políticos.

En primer lugar, sólo una intencionada distorsión de la realidad ha podido guiar a cuantos defienden la “especie”’ argumental de que la balanza se inclinó contra los militares gracias a la actuación de fuerzas de orden público. Esta afirmación no resiste el más ligero análisis.

Efectivamente, la capacidad de fuego era de 10 contra 1 en favor de los militares sublevados. Las deserciones de Darnell (Capitán de la Guardia de Asalto) y la del Comandante Recas (de la Guardia Civil) con sus respectivas unidades, aumentaba la

capacidad de fuego de los militares. No debe olvidarse que la Guardia Civil no interviene en favor de la Generalitat hasta las dos de la tarde, cuando “la suerte estaba ya echada”.

No es esta la respuesta que explica la derrota de los militares en Barcelona. Su capacidad de fuego no podía anularla sino un factor estructural, neutralizador y al tiempo disgregador de su fuerza.

“No impedir la salida de los militares de sus cuarteles’’, era la consigna de los Comités de Defensa de la CNT-AIT y FAI.

En efecto los militares salen a la calle a las 4’45 horas de la madrugada desde siete cuarteles distintos, con destino a ocupar los puntos neurálgicos de la ciudad: emisoras, telefónica, puerto, vias y cruces importantes, edificios estratégicos… En los primeros momentos avanzan sin demasiadas dificultades, aunque ya empiezan ha ser hostigados en medio del continuo sonar de las sirenas de fábricas y barcos como grito de alarma decidido por la CNT-AIT.

Ninguna línea de fuego hubiera podido pararlos… Pero apenas apunta el día empiezan a erigirse barricadas, el avance queda prácticamente paralizado y cuando a las 7’30 horas algunas unidades quieren regresar a sus bases se aperciben que se hallan atenazados: no pueden avanzar, pero tampoco replegarse; están rodeados.

Un nuevo órgano ha surgido: La Barricada.

A las 8 de la mañana más de 1000 barricadas han sido ya erigidas por toda Barcelona.

Cada Barricada nombra un delegado. Los delegados de las diversas Barricadas existentes en cada Barrio componen el Comité de Barriada.

Es la estructura que ahoga a los militares (señalemos aquí que idéntico método será empleado por el genio popular en la defensa de Madrid frente al acoso del ejército de Franco). A las 8 de la mañana “la suerte estaba hechada”: los militares acorralados, en nucleos aislados; las comunicaciones cortadas, sin coordinación; será cuestión de horas, núcleo a núcleo irán cayendo.

No es el resultado de la espontaneidad, sino fruto de la clarividencia.

LUIS ANDRES EDO, en “La Revolución Sin Fronteras” (Suplemento de Solidaridad Obrera, nº1-19 julio 1986)

#MemoriaAnarquista

#SindicatoconHistoria

#CNTAIT#AIT#IWA

La «rebelión Gaditana»: una huelga que desafía a la patronal y a los sindicatos del sistema (video).

Cádiz resiste mientras los grandes sindicatos pactan a espaldas de los trabajadores. ¿Qué papel han jugado UGT y CCOO frente a las demandas reales de la plantilla?

La reciente huelga que ha sacudido la provincia de Cádiz este mes de junio de 2025 ha vuelto a colocar sobre la mesa esas preguntas fundamentales.

Durante las últimas semanas, centenares de trabajadores del sector naval e industrial gaditano se han declarado en huelga, protestando contra despidos masivos, externalizaciones, congelación salarial y el incumplimiento sistemático de convenios colectivos. Las protestas, que comenzaron en los astilleros de Puerto Real y San Fernando, pronto se extendieron a otros centros de trabajo de la Bahía. El descontento no tardó en convertirse en movilización activa.

Sin embargo, mientras las calles de Cádiz ardían en marchas, piquetes, bloqueos y enfrentamientos con la policía, las sedes de CCOO y UGT permanecían extrañamente tranquilas. Lejos de respaldar con contundencia la lucha de los obreros, las direcciones provinciales y regionales de estos sindicatos han optado por el camino habitual: reuniones discretas con la patronal y las autoridades, búsqueda de “acuerdos razonables” y llamados al diálogo social.

Una vez más, el sindicalismo institucional ha jugado el papel de bombero del conflicto, intentando desmovilizar, rebajar las exigencias obreras y evitar una radicalización que pudiera “desbordar el marco legal”.

Según testimonios recogidos por colectivos de base, la ruptura entre los trabajadores y sus supuestos representantes sindicales es cada vez más profunda.

    “Nos han dejado solos”, declaraba un portavoz de la plantilla de Dragados Offshore,

“han firmado acuerdos sin consultarnos, han aceptado la pérdida de derechos que llevamos décadas defendiendo”.

Pero lo más grave, como han denunciado varias asambleas obreras surgidas al calor de la huelga, es que los grandes sindicatos no sólo han abandonado la lucha, sino que han saboteado activamente las iniciativas autónomas de los trabajadores.

Se han negado a convocar huelgas generales en toda la provincia, han deslegitimado públicamente los cortes de carretera organizados por la base, y han lanzado comunicados criminalizando la protesta combativa.

En este contexto, la indignación se ha traducido en organización autónoma. Han surgido comités de huelga al margen de las estructuras oficiales, se han reactivado redes solidarias en los barrios, y se han sumado al conflicto, estudiantes, parados y movimientos sociales.

La huelga en Cádiz ha dejado de ser sólo laboral: se ha convertido en un grito generalizado contra la precariedad, el abandono institucional y la domesticación sindical.

Este episodio no es aislado. Forma parte de una tendencia que se repite en todo el Estado español: una profunda crisis de legitimidad del sindicalismo mayoritario, cada vez más alejado de los intereses reales de la clase trabajadora. Mientras UGT y CCOO gestionan fondos de formación, subvenciones estatales y mesas de concertación, miles de trabajadores se organizan desde abajo para defender su dignidad, sin esperar nada de quienes ya los han traicionado demasiadas veces.

Lo que está ocurriendo en Cádiz no es sólo una huelga. Es también una ruptura. Una fisura en el modelo de relaciones laborales que se pretende imponer. Y en esa fisura crece la esperanza de una nueva organización obrera: más horizontal, combativa y ajena a los pactos que sólo benefician a las empresas y al Estado.

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[Comunicado] Ante la gestión que está realizando Geacam de los EPI’s y uniformes.CNT/AIT-IWA

[Comunicado] Ante la gestión que está realizando Geacam de los EPI’s y uniformes.

Desde la Sección Sindical de CNT-AIT en Geacam Albacete, Cuenca y Ciudad Real, queremos denunciar la gestión que está haciendo la empresa en relación al equipamiento del personal del dispositivo de extinción de incendios forestales.

Después de haberse convocado el llamamiento y habiendo distribuido las vacantes, el personal se ha estado dirigiendo a los almacenes para recoger su equipo, para trabajar en las diferentes unidades del SEIF. La sorpresa ha sido cuando el personal se ha acercado al almacén, y ha visto que su equipo no estaba completo, y que la empresa había aprovechado que el personal ha hecho la devolución de todo su EPI para uniformar y equipar a otros trabajadores.

En el equipo del personal faltaban camisetas de algodón, cascos de incendio, cascos de prevención, chaqueta de incendios, pantalones ignífugos, cubrenucas, guantes ignífugos, etc.

Al mismo tiempo, muchos trabajadores no solamente han visto que les falta equipamiento, sino que en su lugar se les está entregando ropa usada por otros trabajadores, que la empresa ha «higinienizado» (lavado) para un uso posterior por parte del personal. Es decir, ropa de segunda mano para el personal que ya tenía la suya.

La empresa obligó a todos los trabajadores interinos a devolver sus uniformes y sus EPI’s al acabar la campaña del año pasado y al finalizar los contratos durante la campaña de prevención, con la promesa de conservar y guardar el uniforme y el EPI hasta devolverlo a su respectivo usuario en la siguiente campaña, supuestamente para no correr el riesgo de que se les diese un uso incorrecto por parte de los trabajadores, una vez finalizados sus contratos, o poniendo como excusa que el personal procedente de otras comunidades autónomas no lo devuelven.
Pues bien, ahora resulta que la empresa ha estado utilizando los uniformes y los EPI’s de la plantilla para repartirlo y uniformar no se sabe a quién.

Es una vergüenza que la empresa esté utilizando el uniforme y los EPI’s del personal para uniformar a otros trabajadores y trabajadoras con ropa de segunda mano. Todo esto, criminalizando y utilizando como excusa que la plantilla utiliza el uniforme y los EPI’s para otros trabajos ajenos a la empresa; más cuando la empresa se sirve de ésta excusa para recuperar ropa de trabajo y repartirla de nuevo entre el personal.

Evidentemente esto supone una merma importante en la calidad del equipamiento. Ropa usada, aunque higienizada; ropa con agujeros, manchas de lejía, etc. Además, la ropa de incendios no garantiza que todavía cuente con el tratamiento ignífugo, que se va perdiendo lavado tras lavado. En este sentido, hemos de decir que ha habido compañeros y compañeras que han acudido a incendios faltándoles algunas partes del equipo.

Exigimos el fin de todas estas políticas de empresa que se han puesto en marcha con el último director gerente de Geacam, Miguel Peña García, que no han sido otra cosa que medidas antiobreras y que no han buscado otra cosa nada más que atacar a los intereses de los trabajadores. Hay que tener vergüenza para llevar a cabo todas estas medidas cuando está cobrando 70.714,84 euros anuales.

Medidas que no consisten en otra cosa más que en insultar y despreciar a los trabajadores en aras de recortar jornadas, salarios y reducir el presupuesto del dispositivo centrado en el personal de extinción.

Desde la Sección Sindical de CNT-AIT de Geacam Albacete, Cuenca y Ciudad Real, animamos a todos los trabajadores y trabajadoras a que no se callen, que informen sobre todas las incidencias y que denuncien todas las irregularidades que tienen que ver con el incumplimiento de las medidas de prevención de riesgos laborales y seguridad, tanto en equipos de protección individual y colectiva, como en el incumplimiento del Real Decreto 486/1997 en el que se establecen las disposiciones mínimas sobre seguridad y salud en el centro de trabajo.

LOS DERECHOS SE CONQUISTAN LUCHANDO
LA FUERZA DEL OBRERO/A, LA SOLIDARIDAD

Para entrar en contacto con nuestra Sección:
geacam@cntait.org

Sección Sindical de CNT-AIT en Geacam Albacete, Cuenca y Ciudad Real

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CNT/AIT Consideraciones sobre algunos puntos del preacuerdo entre la UGT y la FEMCA.

Consideraciones sobre algunos puntos del preacuerdo entre la UGT y la FEMCA.

Ante la firma de un preacuerdo entre la UGT y la FEMCA, aunque no conocemos con detalle el contenido de dicho preacuerdo, por lo conocido hasta ahora, la CNT AIT de Cádiz manifiesta su más absoluto rechazo.
Entre los acuerdos de la UGT y la Patronal del metal hay uno que nos cuesta creer que sea cierto, que consiste en una reducción salarial del 25% para los trabajadores noveles que durante los primeros 18 meses de su contrato cobrarían el 75% del salario común para el resto de los trabajadores, con el pretexto de ayudar a la incorporación de los jóvenes al mundo del trabajo.
Igual de grave o más, es pretender que la duración de este convenio que tanto favorece los intereses patronales y tanto penaliza a todos los trabajadores, sobre todo a los más jóvenes imponiéndoles contratos basura con una reducción salarial del 25%, sea de nueve años.
Esto supone en la práctica la perpetuación de la precariedad, imponiéndoles a los nuevos trabajadores un convenio que claramente les perjudica, firmado por quienes cuando finalice este convenio, ya no estarán.

Nueve años es una eternidad, es una hipoteca para las nuevas generaciones que se incorporen al sector, también supone la eliminación del derecho a la negociación de un nuevo convenio durante casi una década.
No podemos admitir de ninguna manera que se cometa este infame atentado contra los derechos de los trabajadores. Nos oponemos a cualquier discriminación, ya sea por la experiencia laboral, por la edad o cualquier otra índole.
De confirmarse la aprobación del preacuerdo de la UGT con la patronal del metal supondría una de las más viles traiciones en la historia de la lucha obrera en defensa de sus derechos.

En 1988 el gobierno de Felipe González aprobó el Plan de Empleo juvenil que aumentaba gravemente la precariedad laboral, que proponía un contrato basura para jóvenes entre 16 y 25 años en el que los jóvenes que se incorporaran al mercado laboral cobrarían únicamente el salario mínimo interprofesional en un periodo de 6 a 18 meses con exenciones en las cuotas de la seguridad social para los empresarios.
La respuesta ante tan nefasta reforma laboral fue la convocatoria de una huelga general de 24 horas convocada por CCOO y UGT, que se realizó el 14 de diciembre de 1988 y fue secundada por la gran mayoría de los trabajadores, el paro más numeroso de la historia de la democracia española. Cientos de miles de trabajadores se manifestaron en las calles en contra de los contratos basura y la precariedad laboral.
Ahora la UGT del metal de la provincia de Cádiz ha firmado un preacuerdo en el que se incluye un acuerdo para la contratación jóvenes de nueva incorporación que se parece mucho a los contratos basura del plan de empleo juvenil propuesto por el gobierno de Felipe González.
Esto es un grave precedente que no sólo atenta contra los trabajadores del metal de Cádiz, sino que a la larga puede afectar a todos los trabajadores de España, con una nueva edición del infame Plan de Empleo Juvenil, para gozo y provecho de la patronal, que se estará frotando las manos con los nuevos contratos basura.
Hace 37 años la UGT dijo no a los contratos basura de Felipe González. Todavía estáis a tiempo de elegir el camino correcto, rechazando el preacuerdo.
Animamos a todos los trabajadores a continuar la lucha. Ni un paso atrás.
Pedimos la solidaridad de toda la clase obrera en general, en estos momentos el metal de Cádiz somos todos.

CNT-AIT de CADIZ
Cádiz 24 de junio de 2025